Descripción

Estelas y Calendarios

Gracias al sentido histórico con el cual pensaban el devenir de la vida, los mayas tuvieron una precupación intensa por medir el paso del tiempo. Llevaban registros minuciosos de los grandes acontecimientos políticos y sagrados, las victorias militares decisivas, la fundación de las ciudades, la coronación de los príncipes, y la emergencia de nuevas dinastías.

A partir de la observación de los astros elaboraron un complejo y preciso calendario. Conservaron la memoria de los hechos significativos a través de la erección de estelas, monolitos o placas talladas en piedra, que permiten conocer su historia mediante las fechas sumamente exactas que llevan inscriptas, y la información que muestran las imágenes grabadas en la superficie de dichas estelas. No obstante, la tarea de los científicos se complica por la concepción circular del tiempo que tuvieron los mayas.

La estela más antigua fue encontrada en Tikal, y pertenece al año 292 d.C. Conforme a las tradiciones mayas, marca el inicio del Período Cásico o Dinástico. La estela más reciente que se ha hallado corresponde al año 889, y fue descubierta en Uaxactún. Ambas ciudades se encuentran muy próximas, en el actual territorio de Guatemala.

Período Preclásico: 500 a.C. ÔÇô Siglo III d.C.


El surgimiento de la civilización maya se remonta a cinco siglos antes de Cristo. En cambio, las clasificaciones tradicionales consideran que la historia maya propiamente dicha comenzó mucho después, en el 292 d.C., cuando aparecen definitivamente las estelas conmemorativas con figuras reales, y fechas que los científicos denominan de "serie inicial".

Algunos arqueólogos e historiadores recientes prefieren denominar al Período Preclásico como "Clásico Predinástico", por detectar anticipadamente una serie de elementos que consideran característicos de la sociedad maya.

Durante este período, coincidente con el esplendor de la cultura olmeca que influenció a los mayas, se realizaron las primeras construcciones de piedra, las terrazas, y las pirámides en Uaxactún y Yucatán.

Las nuevas ciudades fueron una respuesta al crecimiento demográfico sostenido, y al flujo de migraciones permanente en toda Mesoamérica. En ese contexto se fundaron Cuello, en Belice, y Tikal, al norte del lago Petén Itzá.

Simbólicamente, los edificios imponentes cumplían con los objetivos de la nobleza: fortalecían la devoción hacia los grupos dirigientes, facilitaban la integración y la obediencia de nuevas y diferentes poblaciones. Todo ello se desarrollaba en el marco de procesos de creciente concentración del poder y la riqueza.

Aparecieron formas de desigualdad y división en castas y clases sociales. La nobleza de las grandes ciudades desplegó un control territorial extenso acompañado del cobro de tributos.

Al igual que otras culturas mesoamericanas como Teotihuacán, o las pirámides de Egipto, las edificaciones gigantescas, generalmente las más antiguas, sirvieron entre los mayas para estrechar los lazos sociales entre las grandes concentraciones de población y los gobernantes, en un período signado por cambios políticos y económicos acelerados, y por la consolidación de grandes territorios.

Las construcciones realzaban la importancia de las ciudades como nuevas entidades políticas, y reforzaban la aceptación del poder de los gobernantes, contribuyendo a la formación de nuevas identidades étnicas y grupales.

Los hallazgos arqueológicos de piezas de cerámica y obsidiana permiten afirmar que las distintas ciudades comerciaban entre sí, desarrollaban mercados, y tenían activos intercambios. Paulatinamente, se desarrollaron los primeros conflictos por la hegemonía comercial y el control de las rutas de la región.

Período Clásico o Dinástico: 292 ÔÇô 900


El inicio del Período Clásico coincidió con el declive de las ciudades mayas de la zona central de El Petén, la llanura costera, y las Tierras Altas. Algunos especialistas consideran que la erupción del Iiopango produjo una catástrofe que habría arruinado el comercio y la hegemonía política de las ciudades de esa región.

A fines del siglo III se destacaron los centros urbanos del norte, Calakmul, Palenque y Tikal. No fue ajeno al proceso de cambios el inicio de la expansión hacia el sudeste de Teotihuacán, cuyos señores impusieron un nuevo control de las redes comerciales en Mesoamérica.

La colaboración entre los científicos provenientes de las ciencias naturales, y los científicos provenientes de las ciencias sociales, ha permitido establecer que la rápida expansión demográfica de los mayas entre el año 550 y el 750 se asoció con un período climáticamente favorable.

Durante el siglo VII cobró forma la organización política característica de los mayas. En el siglo IX, el crecimiento demográfico de los mayas norteños experimentó un nuevo salto. La economía en aumento de sus ciudades, y el grado de estabilidad política alcanzado por los reyes y los príncipes, se tradujo en el plano cultural, y en un despliegue mayor de las construcciones urbanas. El apogeo de las ciudades-estado perduraría hasta el siglo siguiente.

Gracias a la investigación de las estelas los científicos han establecido tres fases distintas en la historia del Período Clásico o Dinástico:
292 - 633: Durante esta fase ya se habían construido una serie de ciudades mayas muy importantes. La fase se identifica con el estilo de cerámica característico, denominado "Tzakol".
634-730: Se extendió durante menos de cien años. Los arqueólogos también asocian la fase con el estilo cerámico predominante en la época, llamado "Tepeu".
731-987: Evidenció el apogeo de los grandes centros urbanos de Palenque, Yaxchilán y Piedras Negras. Durante esta fase se produjo el máximo brillo cultural de los mayas.

No se conocen en detalle los procesos sociales y los acontecimientos históricos que provocaron el opacamiento de los mayas del Período Clásico.

Los estudios realizados en los últimos años por los especialistas en climas de la antig├╝edad (paleoambiente), han revelado que una serie de terribles y prolongadas sequías terminaron con el período de bonanza climática. Combinada con factores políticos y sociales, esa situación habría contribuido al colapso de los mayas del Período Clásico, provocando uno de los mayores desastres demográficos de la historia de la humanidad.

Las Tierras Bajas del sur, y el centro de la península de Yucatán, fueron muy afectados por el desastre natural y social, impulsando el abandono de las grandes urbes, muy densamente pobladas.

La información proveniente de las estelas mayas refuerza esta hipótesis, agravada por el agotamiento del suelo por la quema de la maleza, un método agrícola que habría vuelto improductiva la tierra.

La expansión demográfica de los siglos anteriores habría superado el límite de tolerancia de los recursos naturales, en las nuevas condiciones climáticas, y con esas técnicas de explotación y organización social de la producción.

Período Postclásico: 900 ÔÇô 1541


Las ciudades del período anterior se habían localizado de manera descentralizada en el sur de México, Guatemala y Honduras. Desde fines del siglo X, las principales urbanizaciones del Postclásico pasaron a concentrarse en la mitad norte de la península de Yucatán.

Los putunes, grupos mayas de lengua chontal, se trasladaron desde el golfo de México (Campeche y Tabasco) para establecerse en la región central de El Petén. Los putunes serían los constructores de los templos circulares, y de las canchas en forma de hache para el juego de pelota.

Se agudizó el proceso de militarización de la sociedad maya, a causa de las guerras permanentes entre las diferentes ciudades y los putunes, quienes habían estado bajo la influencia de los toltecas del Valle Central de México. Impusieron en la región el culto a Quetzalcoatl, rebautizado Kukulkán en lengua maya.

Hacia el año 978, el grupo de los itzá abandonó la costa sudoeste para instalarse en Chichén, en un lugar de Yucatán que ya había sido ocupado durante el Período Clásico. En ese nuevo territorio fundaron una nueva dinastía.

Por su parte, los toltecas se establecieron en Mayapán, imponiendo un nuevo control de las rutas comerciales. Un jefe de la familia Xiu, posiblemente proveniente de México, fundó Uxmal.

Las tres ciudades, Chichén Itzá, Mayapán y Uxmal formaron la Liga de Mayapán, la cual rigió el mundo maya durante más de dos siglos de extraordinario florecimiento de la cultura y el arte, identificado con el aporte de los toltecas, con cuyo estilo se relacionan los monumentos de Chichén Itzá.

La Liga se fracturó en 1194 y las tres ciudades se enfrentaron en una guerra. Medio siglo después, Mayapán derrotó a Chichén Itzá, la destruyó y sometió a su población a la esclavitud, dominando la región durante los próximos doscientos años.

En 1441 los mayas de Chichén Itzá triunfaron en una rebelión que culminó con la muerte de toda la familia real de Mayapán, dando paso al derrumbe de las monarquías divinas, y a un período de anarquía y fragmentación en pequeños señoríos.

Medio siglo después, al momento de la llegada de los españoles, la espléndida cultura maya había dado lugar a la desorganización social y al olvido de las grandes tradiciones.

Los reyes y las grandes instituciones de la sociedad maya habían desaparecido antes de la llegada de los españoles, facilitando la tarea de los conquistadores, quienes lograron el control de la casi totalidad de la península de Yucatán hacia 1541, aunque algunos grupos como los itzá prolongaron su resistencia durante casi dos siglos.


Las hipótesis de la debacle


Antes que a la conquista española, el ocaso de la civilización maya se habría relacionado con sus propios conflictos internos. Al momento de la llegada de los europeos en el siglo XVI, las ciudades mayas ya habían abandonado su período de esplendor y grandeza.

La erosión del suelo y la degradación ecológica, el descenso demográfico, y la fragmentación del poder de los reyes del Período Clásico figuran entre la combinación de causas que los especialistas eligen para explicar las repetidas situaciones de crisis que atravesaron las grandes urbanizaciones de esta cultura.

A través del estudio de los anillos de los árboles, los especialistas en climas de la antig├╝edad pudieron determinar que durante el siglo XVI el territorio fue castigado por nuevas y severas sequías. Los mayas eran sumamente dependientes del régimen de lluvias para la práctica de su actividad agrícola.

El desarrollo de estrategias sofisticadas para la acumulación de agua, y la distribución por canales que explotaban las diferencias de la topografía, no fueron suficientes para evitar el desastre, el cual se combinó con la secuencia de pestes terribles que azotaron a Mesoamérica a partir de la conquista.

El Hantavirus trasmitido por los roedores, y el "cocoliztli" o tifus, una especie de fiebre hemorrágica, causaron estragos entre 1545 y 1576 en la población indígena. Los infectados morían en el lapso de tres a cuatro días.

Si las causas naturales fueron importantes, las causas políticas y sociales fueron la clave. La conquista española multiplicó la catástrofe, la humillación, el sentimiento de derrota, y la destrucción del mundo material y simbólico de los mayas y sus descendientes.

Pese a la debacle del siglo XVI, en la actualidad hay importantísimas poblaciones indígenas, herederas de las tradiciones, que mantienen viva la cultura, la lengua, y el pensamiento de los mayas.

Cuando los dioses no escuchan


Las crónicas anónimas del Chilam Balam incluyen la descripción y la explicación maya de las causas de la conquista y la derrota. Según ellos, todo habría sucedido porque perdieron la capacidad de comunicarse con los dioses. Una vez más, la suerte de los hombres se libraba en una dimensión cósmica, de la cual habían perdido todo el control.

Si los mayas y los otros pueblos americanos sabían perfectamente a qué debían atenerse con sus aliados y enemigos tradicionales, la identidad y el comportamiento de los europeos les eran completamente desconocidos.

Los sofisticados sistemas de información que poseían estas sociedades fracasaron por completo ante el desconcierto. Ello aceleró la derrota ante los invasores que estaban en inferioridad numérica. Aunque los presagios fueron inventados posteriormente, la llegada de los españoles estuvo precedida de señales que anunciaban su victoria. Las profecías tuvieron un efecto paralizador y disminuyeron la capacidad de resistencia ante los invasores.

Las grandes civilizaciones originarias del continente americano tuvieron interpretaciones diferentes acerca del carácter divino de los conquistadores. Los incas no lo dudaron, se trataba de dioses. Los aztecas lo creyeron al principio. Ante la pregunta, los mayas respondieron negativamente, considerando a los españoles como meros "extranjeros", "barbudos", o a lo sumo "poderosos", pero nunca dioses. Tzvetan Todorov agrega que los llamaban "comedores de anonas", el fruto de un árbol que ellos no acostumbraban a consumir.

Los Anales de los Cakchichiqueles muestran las dudas iniciales de algunos grupos mayas de Guatemala, rápidamente dejadas de lado. Conforme a Todorov, los españoles fueron vistos en lo fundamental como seres humanos.

Los mayas fueron la única de las tres civilizaciones que había padecido una invasión previa. Las crónicas circulares de los mayas, quienes veían todo hecho como una repetición de otro anterior, se limitaron a reemplazar la mención de los ataques toltecas por los españoles.

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